Caminando con Abarcas

Blog del Hotel Sancho Abarca*** - Huesca -

RECUERDO DE UNA NAVIDAD

Escrito por Roberto Pac el Domingo, 6 de Enero del 2008 a las 12:46 pm

RECUERDO DE UNA NAVIDAD

(Cuento Navideño)

A veces pienso que hay una cierta similitud entre la Navidad que se celebra en Laponia (Finlandia) y las tierras de Aragón, en concreto en el Pirineo, porque en el fondo, estos días son entrañables en todos los rincones del mundo.

Sin animo de competir con Santa Claus, que vive en un pueblo, donde el frío es fiel compañero de su existencia, y de su inseparable reno “Rodolfo”, digno testigo de sus andanzas a través de la noche polar cargado de regalos para niños y mayores, y siempre envuelto en ese halo de misterio y magia que escudriña el horizonte a través de sus gafas de montura redonda y barba cristalizada por el frío.

Pero hace años, a falta de Santa Claus llegaban los Reyes Magos. En concreto había uno que significaba mucho para mi, el Rey Melchor, que era lo más parecido a mi tío Antón; alto, gordinflón, barba canosa y con esa sonrisa perdida y bonachona a la vez. Solo hace falta imaginación infantil y gana de vivir la Navidad.

En un pueblo del Pirineo cuyo nombre lo he perdido de mi memoria, vivía mi tío Antón, allá por los años sesenta. Era una aldea olvidada entre valles y montañas, con casas enfundadas entre piedras milenarias y altas chimeneas con veletas incluidas que competían con los sonidos de brujas de las altas cumbres nevadas, bajados a lomos del viento con noticias terroríficas y como otras veces encantadas, creando relatos alrededor de un hogar repleto de leña en las largas veladas del frío invernal.

Navidad en las Montañas

Fueron años donde la posguerra se estaba olvidando en el tiempo, atrás, sin razón o con razón, y mas bien sin razón, quedaban los amargos recuerdos en el pozo de la insensatez y la alegría empezaba a resurgir en los hogares de estas aldeas heridas por la crueldad humana.

Recuerdo que siendo un niño de capital, como te llamaban en los corrillos infantiles, me llevaron mis padres a pasar las Navidades con mi tío Antón, a ver si con los aires de la montaña dejaba esas malditas fiebres, dicen que se le llamaba “el baile de San Vito, curioso nombre para tal enfermedad, esos temblores que me hacían sentir mal todos los días del año.

En los amaneceres tardíos, cuando el gallo cantaba, despertaba entre edredones de lana mullida como volteada al aire del mediodía, esperando la leche de cabra recién ordeñada en la penumbra de la cuadra por esas manos encallecidas y tristes de mi tío, pues tardé mucho tiempo en saber el porque no quería salir a cazar, ya que no soportaba en la palma de sus manos una escopeta: las odiaba por muchos motivos y por eso rezumaba tristeza al final de sus brazos.

Noche de ReyesSiempre he guardado en mi retina esos momentos felices de mi niñez, donde la Navidad se cocía entre “empanadícos de calabazas”, dobladillos de miel, calderos enormes calentándose en el fuego del hogar, y sin más recursos que la imaginación de las grandes mesas de los “señoritos”, como se definía antes a las gentes de bien, a los pudientes.

La noche de Reyes era la gran protagonista de las Navidades. Por fin llegaba la gran noche mágica, la de mis sueños de niño de capital, mi noche eterna, donde el lucero del alba iluminaba con su caricia la negrura del techo estrellado a lomos de los Picos del Pirineo.

Enfundados con ropa de lana salíamos del pueblo hacia la entrada de los caminos del río, con el miedo inocente y alegre a la vez para ver la llegada del Rey Mago montado en su camello.

-Ya se oye, gritábamos.

.- ¡Que no! Que son las piñas de los pinos que caen al suelo, gritaban otros niños.

.- ¡Que no!, que es verdad. ¿No veis que se observan los ojitos en la oscuridad?, ¿y qué también se ve el brillo de su corona?

.- ¡Ahora! ¡Ahora! ¡Allí está!

Y el Rey llegaba montado en su mula cansina levantando su mano, mientras con la otra aguantaba la antorcha encendida entre sacos rellenos de paja a modo de regalos traídos de Oriente

Ese fue el año que perdí mi inocencia, ya que la mula se encabritó a la llegada del pueblo ya que mi tos persistente la asustó, dejando a mi tío Antón en el suelo, quedando todo maltrecho con la manta embarrada y la boina chafada por los cascos de la asustadiza mula….

Feliz Día de Reyes!

Roberto Pac

Escribir comentario

Categoria: Cuento Navideño, Huesca, Navidad

MILAGRO DE LA NAVIDAD

Escrito por Roberto Pac el Viernes, 28 de Diciembre del 2007 a las 5:31 pm

MILAGRO DE LA NAVIDAD

(Cuento navideño)

Paseando por mi calle de la gran ciudad, bajo el frío implacable de un día de invierno, la Navidad me envolvía como si fuera una gran bufanda sedienta de calor entre neones amarillos y rojos, coronados con lucecitas parpadeantes, semejantes a los guiños de estrellas lejanas del firmamento oscuro de una noche nítida y limpia de un verano cualquiera.

Me movía con mis pasos cansinos, pensando que un halo divino embrujaba a las gente en su deambular tardío a través de escaparates y comercios.

Padres acompañados con sus niños ateridos de frío recorrían con frenesí las aceras de la ciudad, (como si la vida les fuera en ello), buscando tiendas para hacer las ultimas compras navideñas con el claro fin de regalar a sus seres queridos. Mientras, una castañera enfundada entre la lana de su abrigo y el brasero repleto de carbón enrojecido, ofertaba sus productos calientes para combatir el frío de las manos en la antesala de la Navidad.; un pobre de solemnidad hacia corro entre la multitud humana de empujones a la entrada de un comercio, pidiendo ayuda y apelando a la sensibilidad navideña.

Estuve largo rato observando a los niños de culturas tan diversas con mi mirada perdida en el interior de sus recuerdos, pensando lo difícil  que les resulta vivir en esta sociedad. A lo lejos se escuchaba villancicos, mezclándose de una acera a otra, en clara competencia por atraer los ojos de niños y mayores para el consumo navideño.

Todo era un laberinto en la calle, gritos y más gritos, sonrisas, parabienes, saludos aderezados con el sonido de la campana de Santa Claus,…

Y yo pensaba para mis adentros, ¿Cuánta soledad soporto entre esta maraña humana), ¿Quizás no fue una buena idea salir a despejarme?.

Pero la Navidad tiene algo especial, todo ocurrió en un instante:

De pronto la vi venir con su andar pausado, protegida por un largo abrigo y una bufanda que abrazaba su delicado cuello del frío invernal. Mi corazón, sin saber el porqué, empezó a latir descontroladamente,….

Nuestras miradas se cruzaron, ella bajó sus ojos con rubor y balbuceando con valentía por el flechazo de Cupido, me atreví a decir una frase de lo mas inocente….

.- Perdón por mi atrevimiento, pero.. ¿Cree usted en la Navidad?

Ella me contestó, mirándome a los ojos:

.- ¿Porqué me lo pregunta?  Pero si le soy sincera ¡si!

Y seguí entrecortado con mis palabras.

.- ¿Cree en los milagros?

Ella contestó nuevamente con una sonrisa:

.- A veces si, a veces no, ¿quien sabe?.

.- ¿Y no le apetecería tomar un café conmigo?

Dudó un instante, una eternidad. ¿Cómo pueden ser los segundos tan largos? Pensé en mi interior.

Hasta que por fin, me dijo mirándome a los ojos:

.- Estaría encantada de acompañarle a su invitación….

Mi corazón estalló como una traca valenciana y mi pastosa lengua pedía a gritos un buen moka con una jarrita de agua, para gritar al viento: VIVA LA NAVIDAD.

“La moraleja de este relato navideño es que hay que creer en la Navidad, en las flechas del amor (que nunca se sabe cuando van a dejarte el corazón herido de pasión), apartándote de la soledad que nos envuelve en una calle cualquiera de las grandes ciudades..

Así es la Navidad…. Amor y sentimientos encontrados entre las figuras urbanas de una tarde de Nochebuena.

Escribir comentario

Categoria: Cuento Navideño, Huesca, Navidad

Cuento Navideño

Escrito por Roberto Pac el Viernes, 14 de Diciembre del 2007 a las 4:16 pm

EL ÚLTIMO VECINO

(Cuento Navideño)

El día acaricia la escarcha fría del sementero entre los solitarios montes del Somontano y calles olvidadas de mi aldea, tan ignoradas como mi persona en este día de Navidad.

Guiños de sol intentan traspasar las heridas de las ventanas, en plena competencia con el canto de un ronco gallo, que hace que despierte de mi aletargado dormir.

En mi alcoba fría, arropada de edredones de lana esquilada de ovejas recién paridas y acunados de recuerdos, alegre y melancólica, despierto y sonrío por el nuevo amanecer.

Esparcidas muelas juguetean en mi boca con mí hablar solitario, mientras el fuego, con secas aliagas, reaviva las llamas consumidas de la larga Nochebuena.

Se oye nuevamente el gallo, tan despistado como yo, pues los años le han hecho perder el control del tiempo, mientras en mi subconsciente juguetean los recuerdos, recordándome el resonar pardo de los sonidos de la lejanía, disparos de agonías, allá donde las tapias se juntan con el cielo, olvidándose en unos sequeros de voluntades.

…Y fue un día de Navidad, alegre y frío de tinieblas, cuando mi aldea quedó marchitada como las flores secas de un miserere mal cantado….Y fue un día olvidado del calendario cuando la sinrazón entró por las puertas del Somontano, dejando tras de sí la desesperanza de mi cautividad en un rincón de un granero rebosante de vida.

Tantos recuerdos tengo, que el humo de un cigarrillo de cuarterón mal hecho entre mis dedos quebrados de tanto contar el tiempo, disipan mi memoria sentado en una “cadiera” mugrienta y cargada de sentimientos, esperando un nuevo año.

Pero la vida sigue y el lucero de alba adorna mi árbol de Navidad, repletos de piñas secas y frutos rojos arrancados de los últimos acebos que pueblan mi tierra.

Quisiera tener ese cordón umbilical que une la tierra con la luna, para tantos sentimientos que invaden mi memoria a lo largo de mi vida. La vida sigue. La Navidad me acompaña, los fantasmas de mis seres queridos se entretienen en mi alma entre sonrisas y sonrisas, el cigarro se consume entre mis dedos amarillos y el gallo ha dejado de cantar en la ópera de la Navidad.

Escribir comentario

Categoria: Cuento Navideño, Huesca

Huesca

Bienvenidos al mundo de la naturaleza, de las pasiones, del Turismo. Llamen al paraiso de los sentidos. Entren por esta puerta que les ofrezco y enamorense de Huesca y Aragon.