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	<title>Caminando con Abarcas &#187; El Cofre del Molino</title>
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	<description>Blog del Hotel Sancho Abarca **** Huesca</description>
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		<title>Capitulo 5 &#8220;El Frances&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jan 2009 17:30:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Pac</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alto Aragón]]></category>
		<category><![CDATA[El Cofre del Molino]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca]]></category>
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		<category><![CDATA[Novela Aragonesa]]></category>
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		<description><![CDATA[Novela Narrativa Aragonesa: &#8220;El Cofre del Molino&#8221; Autor: Roberto Pac CÁPITULO 5 &#8211; &#8220;El Francés&#8221; Mis ojos hinchados quieren desperezarse, pues no en vano las horas de sueño han sido demasiado largas para mí. No sé qué hora es en este momento, ya que ha amanecido el día cubierto de nubes y esta situación siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Narrativa Aragonesa:<br />
&#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></h2>
<p><strong>Autor: Roberto Pac</strong></p>
<p><strong>CÁPITULO 5 &#8211; &#8220;El Francés&#8221;</strong></p>
<p>Mis ojos hinchados quieren desperezarse, pues no en vano las horas de sueño han sido demasiado largas para mí. No sé qué hora es en este momento, ya que ha amanecido el día cubierto de nubes y esta situación siempre me ha despistado al amanecer. Me levanto y enciendo la bombilla, somnolienta del dormir de la noche, para mirar mi reloj. Se me ha pasado por alto el sonido de las campanas de la iglesia. Me pregunto cómo he podido dormir tantas horas&#8230; Pero ¿qué es el tiempo en el silencio de los enamorados? Nada.</p>
<p>Recojo mis cartas de amor para guardarlas nuevamente en la bolsa, con delicadeza para no romper las hojas secas que un día lucieron todo su aroma en mi alcoba y, que hoy en día sólo desprenden olor a recuerdos.</p>
<p>Escucho el trajinar del hogar, mientras me aseo en la palangana con un poco de agua para, a continuación, abrir el ventano. Quiero sentir las noticias de la mañana a través del viento húmedo de la sierra. Sólo noto mutismo, acompañado ahora sí, por los cuartos del reloj de la torre. Me quedo extasiado mirando a la campana y me pregunto si se le habrán olvidado las partituras de los cantos, de tañer con arrebato de fiesta, de miserere, o de tocar a difuntos. Me imagino que eso nunca se olvida&#8230; Sólo hace falta el momento en el calendario de la vida.</p>
<p>Pero la realidad es, que siempre he sentido miedo con esos sonidos estridentes, un miedo que me ha acompañado siempre. Cuando escuchaba el balanceo de los péndulos clamar en el hierro para anunciar algo importante en la aldea, algo importante que estaba sucediendo en la comunidad, era el mismo temor que hoy en día se siente cuando suena el teléfono en los lugares. La angustia recorre todo tu cuerpo al cogerlo, entre la duda y la incertidumbre, ya que no sabes que noticia vas a escuchar al otro lado del hilo telefónico. Ese temor que proviene de muy atrás en las páginas de las campanas de la iglesia&#8230;</p>
<p>Salgo de mis reflexiones, de mis preguntas existenciales, al escuchar hablar en la cocina a mi hermana, pensando que aún estoy en la cama y que las sábanas se me han pegado.</p>
<p>- ¡Ridiez! Pero este “mesache” ¿todavía está dormido? ¡Vaya poeta! De letras sabrá, pero de madrugar le falta aún mucho que aprender.</p>
<p>Me hacen sonreír estas sentencias tan habituales de mi familia, tan ancestrales en su manera de ver la vida, que yo creo que en el fondo también se me han pegado en la forma de expresarme a lo largo de los años.</p>
<p>- ¡Zagal! Sube a despertar a tu tío que se va a pasar todo el día en la cama. ¡Ay Dios mío! ¡Qué cruz tengo!. &#8211; sigue clamando mi hermana.</p>
<p>Antes que suba mi sobrino, bajo a la cocina sigilosamente para darle una sorpresa.</p>
<p>- ¡Bon jour!, Querida hermana, ya llevo un rato levantado.<br />
- Pues ¿qué hacías, puñetero? &#8211; me interrumpe mi hermana.<br />
- Nada, sólo mirar a la iglesia<br />
- ¡Ay, los poetas! Si no habrá cosas más importantes que hacer&#8230; ¡Venga! Que el desayuno está preparado y hoy no te libras. Y después a la calle a dejarte ver, que los vecinos preguntan por ti, por tus huesos&#8230; Y deja ya de esconderte y de dormir tanto tiempo.<br />
- Pero mujer, si ayer estuve toda la mañana en la entrada del pueblo y salude a varias personas que partían a sus quehaceres diarios &#8211; me justifico.<br />
- Sí, pero siguen preguntando por ti. Así que, a desayunar y no vuelvas hasta el mediodía. Y sobre todo coge el paraguas y abrígate que está amenazando lluvia. En la sierra se oyen truenos de tormenta.</p>
<p>Salgo sigilosamente de la casa aunque no sé por qué lo hago. El ruido del portalón de la entrada delata mi presencia a los gatos, que salen despavoridos ante mi salida. Es curioso &#8211; pienso &#8211; no hay nadie en la calle en este momento. Será la amenaza de la esperada lluvia ¡Quién sabe! Pero por extraño que parezca, mis pasos seguros y rápidos me llevan a la calle alta, a la iglesia, a esos muros fantasmales de los recuerdos de mis sueños, para sentarme debajo del olivo cargado de plegarias.</p>
<p>Está cerrado el templo. Tan sólo las cigüeñas delatan la vida en el exterior, testigos mudos de los tiempos, que año tras año van y vienen para anidar en la torre y por qué no, por recordar, siempre recordar, que la vida es una continua comunión de episodios con un antes y un después. Pero siempre acaba el antes al día siguiente con los recuerdos vividos.</p>
<p>Muchas veces he recordado las escenas de terror al pie de estos muros, llantos desgarrados de negro clamando justicia, mujeres mayores esperando que se abriera la puerta de la iglesia, mujeres cansadas de esperar durante tanto tiempo para al final volver a sus casas.</p>
<p>¿Cómo pudieron ocurrir estos hechos? ¿Qué pudo pasar por nuestras mentes? &#8211; me pregunto &#8211; ¿Cómo la guadaña de la muerte se cebó en estas tierras, para dejar sus brazos extendidos sobre el Somontano, por dejar tal estela de terror entre las gentes, que aún hoy en día se reflejan en sus ojos cansados, en sus semblantes curtidos por el tiempo, rostros labrados de surcos de tanto lamento? ¿Quién tuvo la culpa? Todos o ninguno&#8230; La historia hará justicia, la justicia escrita del libro de la vida. Esa historia que con el pasar del tiempo deja a todos en su lugar exacto como figuras de un ajedrez de un mismo color, ni blancas ni negras, simplemente incoloras.</p>
<p>Mi mirada la tengo en el muro frontal del templo. Aún se notan las heridas de las balas. No le ha pasado el tiempo. Es una extraña sensación la que siento. Veo correr fantasmas con nombre propio, entre empujones y llantos, envidias de campo, lujuria de sangre, sentimientos encontrados, escenas dramáticas al atardecer, y yo sin poder hacer nada más que callar y cerrar los ojos, para abrirlos nuevamente y volver a empezar mi calvario en los ocasos rojos del 36. Estos acontecimientos siempre quedaron grabados en mi retina de adolescente, en mi despertar a la vida.</p>
<p>Por eso siempre he sentido miedo de estas cuatro paredes, ya de niño, oyendo las campanas tañer, para después con el tiempo sentir la daga de la muerte en mi adolescencia. Muerte no querida e incomprendida. Vecinos buscando con su mirada la pregunta del por qué de tanta barbarie, de tanto odio creado en las conciencias enfermas de unos y otros. Vecinos esperando tiempos mejores, para devolver las escenas de terror al escenario de la vida, con sentimientos de rencillas y venganzas esperadas.</p>
<p>Las ventanas postreras de la iglesia<br />
siempre me han hecho soñar,<br />
pues siempre he sentido,<br />
que se abrían de vez en cuando<br />
para sacar los pecados de confesión.</p>
<p>De niño, sentado estaba detrás de la iglesia,<br />
esperando día tras día,<br />
abrirse los oscuros huecos fantasmales<br />
de chirriantes pestillos,<br />
por ver lo que mi imaginación creaba.</p>
<p>A veces, tanto miedo sentía,<br />
que el simple sonido de campanas<br />
tocando a difuntos,<br />
hacia estremecer mi cuerpo inocente<br />
ante la suave risa de cigüeñas altaneras.</p>
<p>Qué desilusión me embargó<br />
cuando un día sin razón aparente,<br />
descubrí<br />
mi inocencia perder,<br />
al saber por qué se abrían<br />
los ojos del templo.</p>
<p>Las ventanas postreras de la iglesia<br />
siempre me han hecho pensar,<br />
porque el silencio de los pecados,<br />
jamás voló de las cuatro paredes<br />
del confesionario.</p>
<p>&gt;&gt; Leer el resto de la <a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Aragonesa &#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></p>
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		<title>Capítulo 4 “El Francés”</title>
		<link>http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/2008/10/06/capitulo-4-novela-aragonesa-el-frances/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Oct 2008 14:28:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Pac</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cofre del Molino]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria Historica]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Aragonesa]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[San Lorenzo]]></category>

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		<description><![CDATA[Novela Narrativa Aragonesa: &#8220;El Cofre del Molino&#8221; Autor: Roberto Pac CÁPITULO 4 &#8211; &#8220;El Francés&#8221; Estamos frente a frente en silencio, ese silencio que siempre he odiado. La familia callada, quizá esperando los reproches del patriarca, o quizá esperando lágrimas de entereza por perdonar. Sigue el silencio, sólo roto por el atrevimiento de los chasquidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Narrativa Aragonesa:<br />
&#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></h2>
<p><strong>Autor: Roberto Pac</strong></p>
<p><strong>CÁPITULO 4 &#8211; &#8220;El Francés&#8221;</strong></p>
<p>Estamos frente a frente en silencio, ese silencio que siempre he odiado. La familia callada, quizá esperando los reproches del patriarca, o quizá esperando lágrimas de entereza por perdonar.</p>
<p>Sigue el silencio, sólo roto por el atrevimiento de los chasquidos del hogar, que de vez en cuando lanza dardos luminosos como flechas a la vieja cadiera de la cocina.</p>
<p>Observo a mi padre con la cabeza baja, el cigarrillo de cuarterón apoyado en sus labios, las manos moverse nerviosas quebradas de contar el tiempo. De vez en cuando sale de su garganta un suspiro, ese lamento desgarrador de los jueces del Somontano que nunca quisieron sentenciar veredictos, ya que nunca quisieron ver la realidad.</p>
<p>Por fin, en estos segundos tan largos del silencio, levanta su cabeza, mueve instintivamente la boina y nuestras miradas se encuentran, sin pestañear un ápice para decirme:</p>
<p>- O sea que, ¿ya estás aquí?<br />
- Si padre. – contesto.</p>
<p>Vuelve el silencio.</p>
<p>¡Maldito silencio! &#8211; pienso.</p>
<p>Pasan otros segundos, para preguntarme nuevamente:</p>
<p>-¿Qué ha sido de tu vida desde que te fuiste?<br />
- Pues, por allí &#8211; respondo entrecortado -. Intentando ganarme la vida, sobreviviendo con mis recuerdos y soñando durante todos estos años con mi vuelta para estar con la familia.<br />
- Así que ¿eres poeta? ¡Ridiez! Si ya lo decía yo, que tú de letras sabías un montón&#8230; aunque aquí de poco te sirvió.</p>
<p>Empiezo a reírme de la ironía socarrona de mi padre, parco en palabras aunque sentenciosas, que me hacen recordar mi niñez, como cuando me lanzaba frases  tipo “a ver si te espabilas, que se te van a comer los mocos”, para posteriormente apuntillar “si tu espabilado ya eres, que sé que encorres por el lugar a las niñas y que te ven observar en el soto a las parejas acurrucadas en la oscuridad”.</p>
<p>El hielo se ha roto. Noto a mi padre más contento. Ya no mueve los dedos compulsivamente y sus manos han dejado en paz la boina. Noto su mirada nuevamente en mis ojos. Su mirada. Su mirada tantas veces recordada en mi exilio. Pero esta vez hay algo especial en ella, “el perdón”. Mantiene sus ojos clavados en los míos con silencio, mientras una lágrima empieza a salir de sus cuencas cargadas de rocío esperado. Me levanto, tropiezo con una silla y me abalanzo hacia él, con los brazos abiertos para fundirme en un abrazo cargado de emoción y dejando mis dudas y las de él, olvidadas en el baúl de los recuerdos.</p>
<p>Me he acostado en la cama. Estoy muy cansado de tantas emociones vividas a lo largo del día. Pienso que no voy a querer levantarme hasta mañana. Me regodeo en el colchón de lana mullida, tantas veces vareado al aire y perfumado, me imagino, por las manos de mi hermana, esta hermana que siempre quiso saber de mí hasta que me encontró, para ser el puente de unión del exilio con mi pueblo, con mi familia, con ella misma.</p>
<p>-¡Ay mi hermana! ¡Cuánto te he hecho sufrir! Daría mi vida por borrar de un plumazo la espera de tantos años.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Huele mi ropa<br />
a tomillo y azahar<br />
y mi aliento,<br />
perfumado lo tengo<br />
de amor contenido.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Desprende mi boca<br />
palabras y palabras<br />
y mi sonido<br />
acariciado lo sostengo<br />
de bravío enloquecido.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Siento mis venas,<br />
dulces y aromatizadas,<br />
pues regar quieren,<br />
tu embriagador cariño<br />
de diario pergamino.</p>
<p>Vuelvo a leer nuevamente mis cartas de amor, pues quiero volar de la mano con mi Marieta como la noche anterior, por barrancos y montañas, senderos y caminos, por las calles de este lugar, por los placeres de los sueños…</p>
<p>&gt;&gt; Leer el resto de la <a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Aragonesa &#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></p>
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		<item>
		<title>Cápitulo 3 &#8211; El Frances</title>
		<link>http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/2008/05/29/capitulo-3-el-frances/</link>
		<comments>http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/2008/05/29/capitulo-3-el-frances/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 May 2008 11:05:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Pac</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cofre del Molino]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria Historica]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Aragonesa]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Novela Narrativa Aragonesa: &#8220;El Cofre del Molino&#8221; Autor: Roberto Pac CÁPITULO 3 &#8211; &#8220;El Francés&#8221; Está amaneciendo. La luz quiere entrar en la alcoba anunciando el nuevo día, entre el cantar de los pájaros y el olor a leña quemada de carrasca y aliagas, avivada por esas manos encallecidas de soportar del tiempo. Siento pereza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Narrativa Aragonesa: </br>&#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></h2>
<p><strong>Autor: Roberto Pac</strong> <strong></strong></p>
<p><strong>CÁPITULO 3 &#8211; &#8220;El Francés&#8221;</strong></p>
<p>Está amaneciendo. La luz quiere entrar en la alcoba anunciando el nuevo día, entre el cantar de los pájaros y el olor a leña quemada de carrasca y aliagas, avivada por esas manos encallecidas de soportar del tiempo. Siento pereza y temor de salir a la calle por notar las miradas, esas miradas de incomprensión. Quizá no son más que fantasmas en mi memoria, que revolotean sin cesar como mariposas blancas y negras compitiendo con el alimento del perdón y el olvido (si es que se pueden olvidar los sentimientos con el tiempo).</p>
<p>Imagino que la noticia de mi llegada ha corrido como la pólvora por el lugar, a través de las ventanas de la noche, esas ventanas de los pueblos del Somontano que siempre están cerradas cuando el sol pretende descansar, pero que tienen ojos para escudriñar la llegada del viajero. A veces pienso que es el miedo por lo que las han mantenido siempre cerradas al atardecer, por pasar desapercibidas en esas largas noches de temores y angustias vividas.</p>
<p>No he querido desayunar. Sólo quiero alimentarme del sol y el aire, de los aromas de esta tierra tantas veces recordados en mi exilio. Con temor he abierto la puerta de madera, dejando herido mi oído por el chirrido ronco de su desperezar en la mañana. He respirado hondo y he sentido un nuevo día de mi existencia.</p>
<p>- ¡Buenos días!</p>
<p>- ¡Vaya Vd. con Dios!</p>
<p>- Así que ¿has vuelto? ¡Cuánto me alegro!</p>
<p>- ¿Vas a estar mucho tiempo entre nosotros?</p>
<p>- Tenemos que hablar un día de estos</p>
<p>Frases hechas de un vocabulario social o, palabras sentidas sacadas de lo más hondo de sus corazones. Aún a pesar de todo, me siento alegre y avergonzado a la vez y me pregunto el por qué de estas contradicciones. Otro grupo más adelante me niega el saludo, cuchicheando a mis espaldas, lo cual me hace sentir mal. Me hace recordar sentimientos de culpabilidad, aunque en el fondo ni creé situaciones ni quise tomar decisiones en ningún momento. Pero la historia no podemos dejarla atrás ni olvidarla, acaso tenerla en nuestros pensamientos pero para perdonar, en un bando o en el otro, porque el perdón forma parte de la vida para no tropezar nuevamente en la misma piedra.</p>
<p>Tantas emociones me están embargando. Busco un sitio para sentarme a la salida del pueblo, un sitio donde presenciar el hacer cotidiano de estas gentes, un lugar para que mi figura quede a la vista de todo el mundo, un lugar donde no pueda esconderme y que vean que ya he vuelto. El poeta exiliado en su juventud.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Sonrío en la alegre mañana</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">cuando las aves despiertan</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">la sonrisa del sol.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Desafío la mojadura</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">de noche llorosa</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">con radiante firmamento.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Me siento vivo y pensativo</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">en este amanecer.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Bajo mi piel morena</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">lentamente corre</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">la savia de mi corazón.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Mi mirar</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">deja entrever la soledad</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">que inunda mi vida.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Me falta espacio</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">en esta constelación</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">por expresar sentimientos,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">tan pesados</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">como piedras de mármol.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Cierro mis puños y,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">mis muelas las dejo a su juicio,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">pues tiembla</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">mi carne trémula</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">en el banco corroído</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">de mis melancolías.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Y sin embargo, sonrío.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Y sin embargo, busco</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">el amanecer tardío.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Oigo revolotear</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">golondrinas y vencejos,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">con sus gritos de alegría</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">en las mañanas</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">de vencidas sombras.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Oigo los cantos</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">de fornidos hombres</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">partir al campo</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">entre sudores de frío.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Percibo el lamentar</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">de bestias adormecidas</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">laceradas por golpes</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">despertados de amor.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">¡Déjame pena!</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">déjame sentir la brisa</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">del amanecer,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">pues</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">siento celos</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">del cantar de las aves.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">¡Aléjate pena!</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">y déjame vivir,</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">pues quiero percibir</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">el olor de la hierba</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">mojada de la mañana.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Y sin embargo, sonrío.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">Y sin embargo, quiero vivir</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">alegre como ruiseñor</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin-left: 40px">orquestado en el horizonte.</p>
<p>Empieza a calentar el sol de la mañana. Me he quedado sólo, envuelto en el silencio únicamente roto por el ir y venir de los gorriones y las primerizas golondrinas, que cada año vienen a anidar en los patios frescos del pueblo. A veces percibo las horas deslizarse en el campanario con su sonido monótono y estridente, dejando un hueco en mis pensamientos, mientras mi vista vaga perdida en la Sierra de Guara que se empieza a vestir de amarillo en la primavera.   </p>
<p>A lo lejos, como campanillas de cielo, escucho las esquilas de las ovejas moverse embrujadas, buscando la sombra de las carrascas, mientras me imagino al pastor tumbado debajo de una higuera esperando pasar los primeros calores del Somontano. Intento no mirar allá donde duermen voluntades y deseos ocultos, entre los olivos alineados del horizonte como fieles guardianes de tan largos años. Pero mis ojos me quieren traicionar, así que me levanto para volver a mi hogar.   </p>
<p>Tengo una cita. He de hablar con mi padre, cansado de esperar tantos años, tantos días, tantas noches de vigilia mirando a través del ventanuco de la cocina hacia la Calle Mayor, esperando mi retorno para acallar esas conversaciones que siempre le hirieron su corazón enfermo de dudas.  </p>
<p><a title="Novela, El Cofre del Molino" href="http://www.hotelsanchoabarca.com/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/" target="_blank">Leer el Resto de Cápitulos “<span style="font-weight: bold">EL COFRE DEL MOLINO</span>”  &gt;&gt;</a></p>
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		<title>Capítulo 2 &#8211; &#8220;El Frances&#8221;</title>
		<link>http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/2008/05/16/capitulo-2-el-frances/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 May 2008 10:19:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Pac</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cofre del Molino]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria Historica]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Aragonesa]]></category>
		<category><![CDATA[Novela Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Novela Narrativa Aragonesa:&#8220;El Cofre del Molino&#8221; Autor: Roberto Pac CÁPITULO 2 &#8211; &#8220;El Francés&#8221; Después de apearme en la terminal de la estación, cojo rápidamente el autobús que me va a llevar al pueblo, con nerviosismo, pues el final de trayecto está cercano. Empiezo a ver mi tierra, mientras el sol comienza a deslizarse por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Narrativa Aragonesa:</br>&#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></h2>
<p><strong>Autor: Roberto Pac</strong></p>
<p><strong>CÁPITULO 2 &#8211; &#8220;El Francés&#8221;</strong></p>
<p>Después de apearme en la terminal de la estación, cojo rápidamente el autobús que me va a llevar al pueblo, con nerviosismo, pues el final de trayecto está cercano. Empiezo a ver mi tierra, mientras el sol comienza a deslizarse por el día para dejar hueco a la noche. Siento aromas de primavera, aun con los cristales cerrados, como si fueran rejas de una prisión imaginaria. Observo Guara de frente, entre olivos y carrascas; diviso el pico Gratal, adormecido del día; siento el Salto del Roldán mirarme sin complejos para indicarme el camino, extendiendo su mano para dar el gran salto de mi vida, el de mis vivencias.</p>
<p style="text-align: center"><img id="image150" src="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/wp-content/uploads/2008/05/cofre_del_molino.jpg" alt="Novela Cofre del Molino" /></p>
<p>Cada vez me siento más cerca. Cada vez me siento más inquieto, entre curvas y barrancos que surcan la carretera. Está oscureciendo y por fin, aparece mi hogar en la lejanía, tantas veces soñado en mi exilio con su guardián en lo alto: la torre de la iglesia vigilada por la sierra de Guara al fondo.</p>
<p>En este universo hay sitios paradisíacos. Medito. Pero ante esta visión, tiemblo de emoción por su belleza: hay pocos lugares tan bellos en la faz de la tierra. Mi Somontano querido. Lo tengo en la palma de mis manos, tantas veces deseado y buscado en mi memoria. Me parece tan irreal este instante y me embargan tantas emociones, que es difícil digerir el momento que estoy viviendo.</p>
<p>Le pido al conductor que me apee antes de llegar a mi destino, ya que quiero entrar de noche, como cuando salí aquel día en que truncaron mis ilusiones, pues quiero desandar el camino tantas veces soñado en mis largas noches de vigilia.</p>
<p>Mientras observo el autobús alejarse con su ruido monótono acompañado de pocos viajeros, tan inmóviles como enterrados en sus pensamientos, empiezo a sentir el silencio de la noche, ya que quedan pocos minutos para escuchar la gran orquesta de estas tierras. Me siento al pie de la carretera con las cuencas de mis ojos cargadas de agua, ese agua con sabor salino y agridulce de mis años, que tantas veces se han deslizado por mi cara buscando el vientre de este valle en mi imaginación exiliada.</p>
<p>Estoy cansado de tan largo viaje, mis piernas pesan como losas de mármol, pero creo que ha merecido la pena tomar esta decisión. No debía esperar mucho más tiempo pero debo caminar, ya que la noche está dejando su manta oscura extendida como un sudario sobre los campos cargados de carrascas.</p>
<p>Miro al cielo inmenso. Todo igual, nada se ha movido en el espacio oscuro, Sólo veo estrellas y más estrellas. Aquellas noches que cuando subía a los pajares de encima del pueblo me lanzaban guiños de complicidad al apretarnos las manos infantiles de nuestros primeros amores, aquellas que dejaron una noche de brillar a lomos de negros nubarrones, éstas que hoy me reciben con los brazos abiertos y lanzan sus emisarios en forma de vientos cargado de aromas impregnados de tomillo y aliagas para deleite de mis sentidos. Este espectáculo me hace recordar un poema que escribí hace mucho tiempo.</p>
<blockquote><p>Hubo un día<br />
que empezó a despertar<br />
en mi la adolescencia.</p>
<p>Esperaba<br />
el oscurecer de la noche,<br />
para albergar<br />
en mi mente adolescente<br />
amores tan platónicos,<br />
que el pasar del tiempo<br />
se me hacia corto.</p>
<p>Miraba con tesón<br />
el techo luminoso<br />
con los brazos en cruz,<br />
vértigos y mareos<br />
me acompañaban<br />
de la mano del firmamento.</p>
<p>Cantos de grillos<br />
sin descanso,<br />
deleitaban mis sentidos,<br />
mochuelos y lechuzas,<br />
se unían orquestadas,<br />
en largas sinfonías de placeres.</p>
<p>Abundaba tanta inocencia en mí,<br />
que miedo sentía<br />
de hacerme mayor,<br />
por no poder rememorar<br />
aquellos momentos vividos<br />
en el pajar de mi era.</p></blockquote>
<p>Pero la vida da muchas vueltas. Han vuelto a mí esos recuerdos. Quizá debía haber omitido los últimos versos, pues aquí me encuentro al pie de las eras de mi pueblo, con una maleta cargada de deseos y con el miedo invadiendo mi cuerpo.</p>
<p>¿A qué tengo miedo? &#8211; me pregunto, pues un escalofrío recorre mi espina dorsal. Es inevitable esta sensación al encarar la calle mayor, cuando notas los ojos luminosos de las farolas vigilar la entrada a todo viajero que ha quedado apeado en su última estación. Ahora noto más el silencio, roto a veces por el maullar de los gatos. Me pregunto cómo debo llamar a la puerta, si con la cabeza baja o alta. Es una situación extraña la que vivo en estos momentos, de alegría y angustia a la vez, pero debo golpear con mi mano segura y firme, mirando al cielo no al suelo, como cuando salí del lugar hace mucho tiempo gritando: ¡Volveré algún día!</p>
<p>- ¿Quién es? &#8211; Oigo gritar en la casa. &#8211; ¿Pero quién llamará a estas horas?</p>
<p>- ¡Mujer! , mira por la ventana antes de bajar &#8211; escucho otra voz más lejana.</p>
<p>Las piernas me tiemblan, mi corazón late acelerado, siento que me voy a desmayar. Percibo segundos tan largos que mi vida empieza a recorrer vertiginosamente a través de mi cerebro, recuerdos como puñaladas, sensaciones difíciles de plasmar, momentos alegres, jinetes cabalgando a través de mi memoria que van y vienen con noticias de mi pueblo a lo largo de tantos años, por dejar la duda en mi mente de los sucesos acontecidos, hasta que por fin oigo el rechinar de una ventana en lo alto de la casa. Un rostro que no distingo muy bien me dice:</p>
<p>- ¿Qué quiere Vd.?</p>
<p>- ¿No me conoces? &#8211; contesté</p>
<p>Y vuelve otra vez el silencio. Ese silencio que tantas veces he odiado y sentido a lo largo de mi vida, ese silencio por callar, ese silencio, ese silencio de estas personas cansadas de sufrir y de esperar. Los segundos pasan, quizá minutos, pero ¿qué es el tiempo en la inmensidad de los años? Nada, un espacio del reloj entre saeta y saeta para marcar el momento exacto del reencuentro fraternal&#8230;</p>
<p>Noto bajar apresuradamente los peldaños, a trompicones, como se dice por estas tierras, oyendo repetidamente:</p>
<p>- ¡Ay Dios mío! ¡Que ya está aquí!</p>
<p>- Cálmate mujer, que te va a dar algo.- exclama la otra voz.</p>
<p>Hasta que por fin se abre la puerta y nuestras miradas quedan mudas de palabras. No sabemos qué decir. Sólo sé que las lágrimas empiezan a dialogar y que nuestros corazones se dan un beso de hermanos en esta noche estrellada de primavera mirando al techo luminoso, entrelazando nuestras manos con sentimientos de paz esperada ante el atento mirar de la familia y en especial la de mi padre. Esa mirada que nunca olvidaré, entre el escepticismo y la realidad de ver nuevamente al hijo pródigo que partió sin saber a dónde, ni a qué lugar. Simplemente desapareció aquel día que los nacionales entraron en el pueblo.</p>
<p>La alegría se ha juntado con la sorpresa de mi llegada inesperada. Nos observamos todos, nos miramos a los ojos. El tiempo ha dejado huella en nuestros rostros curtidos por los vaivenes de la vida -pienso-. Todos hemos cambiado, menos nuestros corazones y sentimientos que se han mantenido intactos durante todo estos años. Pero hay algo más hermoso que el reencuentro con la familia después de tantos años. Pocas cosas en este mundo te pueden dar más alegrías que este momento.</p>
<p>Todo son preguntas. Las palabras salen a borbotones sin un guión establecido. Los más pequeños, incrédulos ante tal situación, sólo hacen que mirar, intentando recomponer en su memoria tantas conversaciones sobre mi persona, su tío, que se fue hace ya mucho tiempo. Preguntas y más preguntas recíprocas chocan en el aire, excepto las de mi padre, que desde un rincón de la cocina sentado en la cadiera observa el fuego, en silencio, escuchando mientras mueve su cabeza de un lado a otro, como un juez del Somontano cargado de sentencias.</p>
<p>Me imagino cuántas veces habrá atizado la lumbre del hogar ensimismado en sus pensamientos, dejando salir un suspiro de vez en cuando, cargado de tristeza y melancolía, por no saber nada de mí, más que lo justo, ya que las circunstancias no daban para más comunicación.</p>
<p>Mi mirada sólo hace que recorrer todos los rincones del calor de la cocina, todo igual, como siempre había soñado. El hogar cargado de leña, el agua caliente en el caldero, la negrura de las paredes acentuada en la noche, el ventano, ¡ay mi ventano! cuántas veces te he recordado desde mi exilio. La familia alrededor de las llamas, el olor de la carrasca al quemarse, el chisporroteo de las aliagas en el fuego, todos mis recuerdos abandonados sin piedad ni compasión.</p>
<p>No quise acostarme sin recorrer la casa de abajo a arriba, buscando en todos los rincones mis nostalgias, dejándome llevar por mis pasos hasta la falsa como si estuviera embrujado. Ese reducto personal de sueños e ilusiones de mi juventud, para deleitarme entre esas cuatros paredes, que parecieran que no había pasado el tiempo, para abrir el baúl que mantenían cerrado hasta mi vuelta, ese baúl que me pertenecía y que se encontraba en la penumbra durmiendo entre el polvo de la falsa.</p>
<blockquote><p>Volví a mi pueblo,<br />
y se abrió<br />
la puerta de mis recuerdos,<br />
el patio me recibió<br />
como siempre había soñado.<br />
Subí los peldaños<br />
entre crujir de maderas<br />
sedientas de mis pasos<br />
olvidados de exilio.<br />
Todo igual,<br />
hogar esperado,<br />
paredes negras,<br />
alcobas repletas<br />
de amores contenidos.</p>
<p>Subí más peldaños,<br />
la falsa,<br />
mudo testigo de mis vivencias,<br />
me esperaba hace ya<br />
mucho tiempo.</p>
<p>Y ahí encontré<br />
nuevamente<br />
las cartas de amor,<br />
en el baúl de los recuerdos<br />
que un día olvide<br />
en mi huir precipitado.</p></blockquote>
<p>Esa noche dormí abrazado entre mis cartas de amor, intentando no romper esas flores secas llenas de vida y de esperanza por un mundo mejor: las de mi Marieta.</p>
<p><a title="Novela, El Cofre del Molino" href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/" target="_blank">LEER RESTO DE CÁPITULOS “EL COFRE DEL MOLINO” &gt;&gt;</a></p>
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		<title>Capítulo 1 &#8220;El Frances&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2008 20:14:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Pac</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Cofre del Molino]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca]]></category>
		<category><![CDATA[Huesca Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Novela Narrativa Aragonesa: &#8220;El Cofre del Molino&#8221; Autor: Roberto Pac CÁPITULO 1 &#8211; &#8220;El Francés&#8221; Al fin lo intenté, me ha costado mucho tiempo decidirme, pero entiendo que debo rehacer el camino y debo volver a mis orígenes, a la tierra que me vio nacer y también a esa tierra que me vio partir cargado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/">Novela Narrativa Aragonesa:</br><br />
&#8220;El Cofre del Molino&#8221;</a></h2>
<p><strong>Autor: Roberto Pac</strong></p>
<p><strong>CÁPITULO 1 &#8211; &#8220;El Francés&#8221;</strong><br />
Al fin lo intenté, me ha costado mucho tiempo decidirme, pero entiendo que debo rehacer el camino y debo volver a mis orígenes, a la tierra que me vio nacer y también a esa tierra que me vio partir cargado de fantasmas en mi memoria; aquellos que durante muchos años me han acompañado a lo largo de mi existencia, aquellos que marcaron mi vida para ser lo que hoy en día soy, un poeta abierto al mundo.</p>
<div style="text-align: center"><img id="image150" src="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/wp-content/uploads/2008/05/cofre_del_molino.jpg" alt="Novela Cofre del Molino" /></div>
<p>Por eso he decidido dar el paso más importante de mi vida, pues no en vano ya ha pasado mucho tiempo para dejar olvidados, (si es que se puede olvidar al otro lado de la valla la existencia de todo ser humano), los recuerdos de aquella primavera que me hicieron salir a un exilio no querido, pero provocado por los acontecimientos que me tocaron vivir para ser un apátrida de una sociedad injusta, que no entendió mi manera de pensar, mis principios y la forma de ver la vida de un poeta, que sin quererlo nació con ese don especial, que pocos logran descubrirlo o manifestarlo a lo largo de los años.</p>
<p>Por eso, me he levantado temprano como es mi costumbre, ya que nunca olvidé ese hábito que me enseñaron en mi juventud aquellas personas que me rodearon, curtidas por el tiempo y una sabiduría tan especial que les hicieron merecedoras de los mejores elogios de esos lares; hombres forjados por el trabajo, por el sol y cargados de sentimientos, (¡ay, los sentimientos!, tantas veces encontrados).</p>
<p>He recogido mis cosas, pocas cosas, pues para este viaje no necesito más que lo que es imprescindible: poca ropa, mis pastillas para mis melancolías y un libro, sí, un libro, el libro de la vida.</p>
<p>He cerrado las ventanas con delicadeza, he oscurecido mi hogar de tantos años, pues quiero volver a ver la luz de los amaneceres de mi tierra querida, tras los pasos de la huella de mi sangre poética por revivir esos días, (que ya ha pasado mucho tiempo) antes de mi partida a este exilio obligado a tierras desconocidas. Estas tierras que me acogieron pero que nunca olvidaron mis orígenes de español, el poeta abierto al mundo, el poeta que tuvo que salir de su pueblo aquella noche que oscureció el sol antes de lo habitual en el horizonte del Somontano y dejó teñidos de rojo los almendros en flor, para dejar los fantasmas vagando por mi memoria  a lo largo de todos estos años, ya que es hora que me reencuentre con ellos al pie del camino y cerrar la herida de este corazón cansado de pensar,(si es que los corazones piensan).</p>
<p>El tren avanza rápido, sin piedad, devorando kilómetros entre las montañas del Pirineo, donde la nieve deja paso a las primerizas flores, que año tras año, anuncian la primavera para dejar olvidado el invierno. Es una visión única, la que llena mi retina a través de la ventana del vagón, pues no en vano, comento con mis compañeros de viaje (las alegrías y las tristezas de mis recuerdos), lo que siento ante la visión de tan bellos parajes.</p>
<p>Estos preciosos paisajes que van pasando por mi vista como si fuera una película de colores, me hacen buscar en mi americana un trozo de papel y algo para escribir, pues es una sana costumbre que siempre he cultivado a lo largo de los años, por dejar plasmados los momentos existenciales de mis vivencias en forma de poesía.</p>
<blockquote><p>
Devoré caminos<br />
y senderos,<br />
¡a ninguna parte me llevaron!</p>
<p>Devoré tiempos<br />
y minutos,<br />
¡a ninguna parte me llevaron!</p>
<p>Subí por los torrentes<br />
de agua fría,<br />
¡a ninguna parte me llevaron!<br />
Ascendí montañas<br />
y colinas,<br />
¡pero a ninguna parte me llevaron!</p>
<p>Luché con el sol<br />
y la luna,<br />
de poco me sirvió<br />
mi aventura.</p>
<p>Respiré el aire<br />
enrollado<br />
en mi garganta,<br />
pues nunca<br />
imaginé<br />
que la puerta<br />
de mi cabaña<br />
cerrada estaba.</p></blockquote>
<p>Siempre he pensado que la poesía es la manera mas fácil de expresar los sentimientos, las angustias, la manera de ver la vida y sobre todo el miedo; sí, ¡el miedo!</p>
<p>Ese miedo que no te deja ver la realidad y que te hace esconder en el caparazón para no enfrentarte a la irrealidad de los momentos vividos. Este es el miedo que siento por volver a mi pueblo, al que sin lugar a dudas, me lleva este tren tantas veces buscado, pues a lo largo de los años, me he acercado a la estación y he sacado el billete en la ventanilla para romperlo nuevamente. Este tren que me acerca a mi verdad, a través de montañas y campos, mudos testigos de mis vivencias de juventud, pero esta vez sí que me lleva, no a lo desconocido, si no al encuentro con mis fantasmas, a esos fantasmas con nombre propio que me esperan hace mucho tiempo en las calles, en las casas, en esos montes que lloran a lo largo del tiempo mi lejanía.</p>
<p><a title="Novela, El Cofre del Molino" href="http://www.hotelsanchoabarca.com/blog/novela-roberto-pac-el-cofre-del-molino/" target="_blank">LEER RESTO DE CÁPITULOS &#8220;EL COFRE DEL MOLINO&#8221;  &gt;&gt;</a></p>
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