Posts made in mayo, 2008


Cápitulo 3 – El Frances


Posted on may 29, 2008

Novela Narrativa Aragonesa:
“El Cofre del Molino”

Autor: Roberto Pac

CÁPITULO 3 – “El Francés”

Está amaneciendo. La luz quiere entrar en la alcoba anunciando el nuevo día, entre el cantar de los pájaros y el olor a leña quemada de carrasca y aliagas, avivada por esas manos encallecidas de soportar del tiempo. Siento pereza y temor de salir a la calle por notar las miradas, esas miradas de incomprensión. Quizá no son más que fantasmas en mi memoria, que revolotean sin cesar como mariposas blancas y negras compitiendo con el alimento del perdón y el olvido (si es que se pueden olvidar los sentimientos con el tiempo).

Imagino que la noticia de mi llegada ha corrido como la pólvora por el lugar, a través de las ventanas de la noche, esas ventanas de los pueblos del Somontano que siempre están cerradas cuando el sol pretende descansar, pero que tienen ojos para escudriñar la llegada del viajero. A veces pienso que es el miedo por lo que las han mantenido siempre cerradas al atardecer, por pasar desapercibidas en esas largas noches de temores y angustias vividas.

No he querido desayunar. Sólo quiero alimentarme del sol y el aire, de los aromas de esta tierra tantas veces recordados en mi exilio. Con temor he abierto la puerta de madera, dejando herido mi oído por el chirrido ronco de su desperezar en la mañana. He respirado hondo y he sentido un nuevo día de mi existencia.

- ¡Buenos días!

- ¡Vaya Vd. con Dios!

- Así que ¿has vuelto? ¡Cuánto me alegro!

- ¿Vas a estar mucho tiempo entre nosotros?

- Tenemos que hablar un día de estos

Frases hechas de un vocabulario social o, palabras sentidas sacadas de lo más hondo de sus corazones. Aún a pesar de todo, me siento alegre y avergonzado a la vez y me pregunto el por qué de estas contradicciones. Otro grupo más adelante me niega el saludo, cuchicheando a mis espaldas, lo cual me hace sentir mal. Me hace recordar sentimientos de culpabilidad, aunque en el fondo ni creé situaciones ni quise tomar decisiones en ningún momento. Pero la historia no podemos dejarla atrás ni olvidarla, acaso tenerla en nuestros pensamientos pero para perdonar, en un bando o en el otro, porque el perdón forma parte de la vida para no tropezar nuevamente en la misma piedra.

Tantas emociones me están embargando. Busco un sitio para sentarme a la salida del pueblo, un sitio donde presenciar el hacer cotidiano de estas gentes, un lugar para que mi figura quede a la vista de todo el mundo, un lugar donde no pueda esconderme y que vean que ya he vuelto. El poeta exiliado en su juventud.

Sonrío en la alegre mañana

cuando las aves despiertan

la sonrisa del sol.

Desafío la mojadura

de noche llorosa

con radiante firmamento.

Me siento vivo y pensativo

en este amanecer.

Bajo mi piel morena

lentamente corre

la savia de mi corazón.

Mi mirar

deja entrever la soledad

que inunda mi vida.

Me falta espacio

en esta constelación

por expresar sentimientos,

tan pesados

como piedras de mármol.

Cierro mis puños y,

mis muelas las dejo a su juicio,

pues tiembla

mi carne trémula

en el banco corroído

de mis melancolías.

Y sin embargo, sonrío.

Y sin embargo, busco

el amanecer tardío.

Oigo revolotear

golondrinas y vencejos,

con sus gritos de alegría

en las mañanas

de vencidas sombras.

Oigo los cantos

de fornidos hombres

partir al campo

entre sudores de frío.

Percibo el lamentar

de bestias adormecidas

laceradas por golpes

despertados de amor.

¡Déjame pena!

déjame sentir la brisa

del amanecer,

pues

siento celos

del cantar de las aves.

¡Aléjate pena!

y déjame vivir,

pues quiero percibir

el olor de la hierba

mojada de la mañana.

Y sin embargo, sonrío.

Y sin embargo, quiero vivir

alegre como ruiseñor

orquestado en el horizonte.

Empieza a calentar el sol de la mañana. Me he quedado sólo, envuelto en el silencio únicamente roto por el ir y venir de los gorriones y las primerizas golondrinas, que cada año vienen a anidar en los patios frescos del pueblo. A veces percibo las horas deslizarse en el campanario con su sonido monótono y estridente, dejando un hueco en mis pensamientos, mientras mi vista vaga perdida en la Sierra de Guara que se empieza a vestir de amarillo en la primavera.

A lo lejos, como campanillas de cielo, escucho las esquilas de las ovejas moverse embrujadas, buscando la sombra de las carrascas, mientras me imagino al pastor tumbado debajo de una higuera esperando pasar los primeros calores del Somontano. Intento no mirar allá donde duermen voluntades y deseos ocultos, entre los olivos alineados del horizonte como fieles guardianes de tan largos años. Pero mis ojos me quieren traicionar, así que me levanto para volver a mi hogar.

Tengo una cita. He de hablar con mi padre, cansado de esperar tantos años, tantos días, tantas noches de vigilia mirando a través del ventanuco de la cocina hacia la Calle Mayor, esperando mi retorno para acallar esas conversaciones que siempre le hirieron su corazón enfermo de dudas.

Leer el Resto de Cápitulos “EL COFRE DEL MOLINO” >>

Read More

I Semana de las Letras en Barbastro


Posted on may 21, 2008

Barbastro celebra la I Semana de las Letras con recitales de poesía, teatro, el fallo de los premios y la feria del libro

Espidro Freire participará en la tertulia el 23 y el el poeta Roberto Pac ofrecerá un recital con música cubana en el Centro de Congresos.

El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barbastro, Santiago Lisa, ha destacado el alto nivel de los autores e historiadores locales, que serán los encargados de presentar sus obras en esta I Semana de las Letras.

El sábado 24 de Mayo, los libros continúan siendo los protagonistas ya que por la mañana, a las 12 horas en la Biblioteca municipal, Manuel Vilas, Sergio Gaspar y Lorenzo Oliván realizarán una lectura de poemas y, por la tarde, la plaza del Mercado acogerá la Feria del libro, organizada conjuntamente por la Comarca del Somontano y el Ayuntamiento de Barbastro con la colaboración de las librerías locales, la UNED y el IES Hermanos Argensola.

Dichas jornadas la cerrará un concierto poético del grupo Puntillo Cubano con la participación del poeta oscense y colaborador de Ronda Somontano Roberto Pac Sa, a las 22.30 horas en el Centro de Congresos. Este acto cuenta con la colaboración de la revista digital que celebra su primer año de vida con diversas actividades culturales. Desde Ronda Somontano se invita a todos los lectores a asistir a este recital que unirá el lirismo de Roberto Pac con la sensualidad de la música clásica cubana. La entrada es gratuita.

Vía Ronda Somontano

Read More

Capítulo 2 – “El Frances”


Posted on may 16, 2008

Novela Narrativa Aragonesa:
“El Cofre del Molino”

Autor: Roberto Pac

CÁPITULO 2 – “El Francés”

Después de apearme en la terminal de la estación, cojo rápidamente el autobús que me va a llevar al pueblo, con nerviosismo, pues el final de trayecto está cercano. Empiezo a ver mi tierra, mientras el sol comienza a deslizarse por el día para dejar hueco a la noche. Siento aromas de primavera, aun con los cristales cerrados, como si fueran rejas de una prisión imaginaria. Observo Guara de frente, entre olivos y carrascas; diviso el pico Gratal, adormecido del día; siento el Salto del Roldán mirarme sin complejos para indicarme el camino, extendiendo su mano para dar el gran salto de mi vida, el de mis vivencias.

Novela Cofre del Molino

Cada vez me siento más cerca. Cada vez me siento más inquieto, entre curvas y barrancos que surcan la carretera. Está oscureciendo y por fin, aparece mi hogar en la lejanía, tantas veces soñado en mi exilio con su guardián en lo alto: la torre de la iglesia vigilada por la sierra de Guara al fondo.

En este universo hay sitios paradisíacos. Medito. Pero ante esta visión, tiemblo de emoción por su belleza: hay pocos lugares tan bellos en la faz de la tierra. Mi Somontano querido. Lo tengo en la palma de mis manos, tantas veces deseado y buscado en mi memoria. Me parece tan irreal este instante y me embargan tantas emociones, que es difícil digerir el momento que estoy viviendo.

Le pido al conductor que me apee antes de llegar a mi destino, ya que quiero entrar de noche, como cuando salí aquel día en que truncaron mis ilusiones, pues quiero desandar el camino tantas veces soñado en mis largas noches de vigilia.

Mientras observo el autobús alejarse con su ruido monótono acompañado de pocos viajeros, tan inmóviles como enterrados en sus pensamientos, empiezo a sentir el silencio de la noche, ya que quedan pocos minutos para escuchar la gran orquesta de estas tierras. Me siento al pie de la carretera con las cuencas de mis ojos cargadas de agua, ese agua con sabor salino y agridulce de mis años, que tantas veces se han deslizado por mi cara buscando el vientre de este valle en mi imaginación exiliada.

Estoy cansado de tan largo viaje, mis piernas pesan como losas de mármol, pero creo que ha merecido la pena tomar esta decisión. No debía esperar mucho más tiempo pero debo caminar, ya que la noche está dejando su manta oscura extendida como un sudario sobre los campos cargados de carrascas.

Miro al cielo inmenso. Todo igual, nada se ha movido en el espacio oscuro, Sólo veo estrellas y más estrellas. Aquellas noches que cuando subía a los pajares de encima del pueblo me lanzaban guiños de complicidad al apretarnos las manos infantiles de nuestros primeros amores, aquellas que dejaron una noche de brillar a lomos de negros nubarrones, éstas que hoy me reciben con los brazos abiertos y lanzan sus emisarios en forma de vientos cargado de aromas impregnados de tomillo y aliagas para deleite de mis sentidos. Este espectáculo me hace recordar un poema que escribí hace mucho tiempo.

Hubo un día
que empezó a despertar
en mi la adolescencia.

Esperaba
el oscurecer de la noche,
para albergar
en mi mente adolescente
amores tan platónicos,
que el pasar del tiempo
se me hacia corto.

Miraba con tesón
el techo luminoso
con los brazos en cruz,
vértigos y mareos
me acompañaban
de la mano del firmamento.

Cantos de grillos
sin descanso,
deleitaban mis sentidos,
mochuelos y lechuzas,
se unían orquestadas,
en largas sinfonías de placeres.

Abundaba tanta inocencia en mí,
que miedo sentía
de hacerme mayor,
por no poder rememorar
aquellos momentos vividos
en el pajar de mi era.

Pero la vida da muchas vueltas. Han vuelto a mí esos recuerdos. Quizá debía haber omitido los últimos versos, pues aquí me encuentro al pie de las eras de mi pueblo, con una maleta cargada de deseos y con el miedo invadiendo mi cuerpo.

¿A qué tengo miedo? – me pregunto, pues un escalofrío recorre mi espina dorsal. Es inevitable esta sensación al encarar la calle mayor, cuando notas los ojos luminosos de las farolas vigilar la entrada a todo viajero que ha quedado apeado en su última estación. Ahora noto más el silencio, roto a veces por el maullar de los gatos. Me pregunto cómo debo llamar a la puerta, si con la cabeza baja o alta. Es una situación extraña la que vivo en estos momentos, de alegría y angustia a la vez, pero debo golpear con mi mano segura y firme, mirando al cielo no al suelo, como cuando salí del lugar hace mucho tiempo gritando: ¡Volveré algún día!

- ¿Quién es? – Oigo gritar en la casa. – ¿Pero quién llamará a estas horas?

- ¡Mujer! , mira por la ventana antes de bajar – escucho otra voz más lejana.

Las piernas me tiemblan, mi corazón late acelerado, siento que me voy a desmayar. Percibo segundos tan largos que mi vida empieza a recorrer vertiginosamente a través de mi cerebro, recuerdos como puñaladas, sensaciones difíciles de plasmar, momentos alegres, jinetes cabalgando a través de mi memoria que van y vienen con noticias de mi pueblo a lo largo de tantos años, por dejar la duda en mi mente de los sucesos acontecidos, hasta que por fin oigo el rechinar de una ventana en lo alto de la casa. Un rostro que no distingo muy bien me dice:

- ¿Qué quiere Vd.?

- ¿No me conoces? – contesté

Y vuelve otra vez el silencio. Ese silencio que tantas veces he odiado y sentido a lo largo de mi vida, ese silencio por callar, ese silencio, ese silencio de estas personas cansadas de sufrir y de esperar. Los segundos pasan, quizá minutos, pero ¿qué es el tiempo en la inmensidad de los años? Nada, un espacio del reloj entre saeta y saeta para marcar el momento exacto del reencuentro fraternal…

Noto bajar apresuradamente los peldaños, a trompicones, como se dice por estas tierras, oyendo repetidamente:

- ¡Ay Dios mío! ¡Que ya está aquí!

- Cálmate mujer, que te va a dar algo.- exclama la otra voz.

Hasta que por fin se abre la puerta y nuestras miradas quedan mudas de palabras. No sabemos qué decir. Sólo sé que las lágrimas empiezan a dialogar y que nuestros corazones se dan un beso de hermanos en esta noche estrellada de primavera mirando al techo luminoso, entrelazando nuestras manos con sentimientos de paz esperada ante el atento mirar de la familia y en especial la de mi padre. Esa mirada que nunca olvidaré, entre el escepticismo y la realidad de ver nuevamente al hijo pródigo que partió sin saber a dónde, ni a qué lugar. Simplemente desapareció aquel día que los nacionales entraron en el pueblo.

La alegría se ha juntado con la sorpresa de mi llegada inesperada. Nos observamos todos, nos miramos a los ojos. El tiempo ha dejado huella en nuestros rostros curtidos por los vaivenes de la vida -pienso-. Todos hemos cambiado, menos nuestros corazones y sentimientos que se han mantenido intactos durante todo estos años. Pero hay algo más hermoso que el reencuentro con la familia después de tantos años. Pocas cosas en este mundo te pueden dar más alegrías que este momento.

Todo son preguntas. Las palabras salen a borbotones sin un guión establecido. Los más pequeños, incrédulos ante tal situación, sólo hacen que mirar, intentando recomponer en su memoria tantas conversaciones sobre mi persona, su tío, que se fue hace ya mucho tiempo. Preguntas y más preguntas recíprocas chocan en el aire, excepto las de mi padre, que desde un rincón de la cocina sentado en la cadiera observa el fuego, en silencio, escuchando mientras mueve su cabeza de un lado a otro, como un juez del Somontano cargado de sentencias.

Me imagino cuántas veces habrá atizado la lumbre del hogar ensimismado en sus pensamientos, dejando salir un suspiro de vez en cuando, cargado de tristeza y melancolía, por no saber nada de mí, más que lo justo, ya que las circunstancias no daban para más comunicación.

Mi mirada sólo hace que recorrer todos los rincones del calor de la cocina, todo igual, como siempre había soñado. El hogar cargado de leña, el agua caliente en el caldero, la negrura de las paredes acentuada en la noche, el ventano, ¡ay mi ventano! cuántas veces te he recordado desde mi exilio. La familia alrededor de las llamas, el olor de la carrasca al quemarse, el chisporroteo de las aliagas en el fuego, todos mis recuerdos abandonados sin piedad ni compasión.

No quise acostarme sin recorrer la casa de abajo a arriba, buscando en todos los rincones mis nostalgias, dejándome llevar por mis pasos hasta la falsa como si estuviera embrujado. Ese reducto personal de sueños e ilusiones de mi juventud, para deleitarme entre esas cuatros paredes, que parecieran que no había pasado el tiempo, para abrir el baúl que mantenían cerrado hasta mi vuelta, ese baúl que me pertenecía y que se encontraba en la penumbra durmiendo entre el polvo de la falsa.

Volví a mi pueblo,
y se abrió
la puerta de mis recuerdos,
el patio me recibió
como siempre había soñado.
Subí los peldaños
entre crujir de maderas
sedientas de mis pasos
olvidados de exilio.
Todo igual,
hogar esperado,
paredes negras,
alcobas repletas
de amores contenidos.

Subí más peldaños,
la falsa,
mudo testigo de mis vivencias,
me esperaba hace ya
mucho tiempo.

Y ahí encontré
nuevamente
las cartas de amor,
en el baúl de los recuerdos
que un día olvide
en mi huir precipitado.

Esa noche dormí abrazado entre mis cartas de amor, intentando no romper esas flores secas llenas de vida y de esperanza por un mundo mejor: las de mi Marieta.

LEER RESTO DE CÁPITULOS “EL COFRE DEL MOLINO” >>

Read More

Cuento Aragones (2ª Parte)


Posted on may 13, 2008

CUENTOS PARA NIÑOS

BLANCA ROSA (segunda parte y moraleja)

(Lumbre de sueños)Siguiendo con las 1ª parte del Cuento Aragonés, aquí teneís la segunda entrega:

- La niña cogió al Príncipe de la mano, llamó a la fortaleza, abrieron, acarició a un perro gigantesco de tres cabezas que guardaba la puerta, condujo á su protegido al salón negro, donde se hallaba el diablo sentado en un trono de llamas de fuego, que recibió a ex – Monarca sonriéndose y burlándose en su interior, porque con malas artes, como sucedió entre tahúres, le había quitado la corona.

- Te daré lo que deseas, si con el trigo que te entregara mi mayordomo consigues sembrarlo, segarlo, trillarlo, aventarlo, molerlo, cernerlo, amasarlo, cocerlo y echar el pan al perro de tres cabezas que hay en la puerta del castillo; todo en veinticuatro horas.

- Recurrió el Príncipe á su bella protectora, que le mandó arrojar el grano desde el balcón al jardín. Se asomó, y, con espanto, vio al trigo nacer, salir las espigas y dorarlas al sol; una nube de enanitos practicó todas las operaciones, desde segar hasta llevar el pan todavía caliente á las fauces del monstruoso perro.

Volvió a reclamar su corona el Príncipe; pero el diablo, que, como todos los que no son buenos, cumplen tarde y mal lo que promete, le replicó:

- No la obtendrás, si no me entregas a cambio una sortija que hace quinientos años á un ascendiente tuyo se le cayó en el mar al irse a pique el barco que mandaba en un combate. Sólo se salvó de la tripulación tan valiente guerrero.

- Dificultad tan insuperable hizo desmayar al Príncipe. Acudió a Blanca Rosa; ésta frunció las cejas, y le dijo severa:

- Ofrecí sacarte de todos los apuros, y no faltaré a mi palabra. Verás.

Apareció una enorme tortuga, que, en un abrir y cerrar de ojos, fue al mar y volvió con la sortija de vigésimo abuelo del que perdió su reino en el juego. El diablo se la regaló, y le advirtió:

- No me vuelvas a tentar, abandona el vicio, toma tu corona, cásate con Blanca Rosa; te gusta y a ella no le eres indiferente; montad en un caballo que hay en la cuadra que corre más que el viento, y cuando lleguéis a la capital de tus Estados, os esperará la tropa formada, y el pueblo entusiasmado os conducirá al palacio.

Ni visto ni oído, así sucedió, según narraba una abuela que al calor de las llamas tenían embelesados a sus nietos para después añadir su moraleja tan aragonesa y sentenciosa:

- EL PEOR DE LOS VICIOS ES EL DEL JUEGO. SIEMPRE VA ACOMPAÑADO DE OTROS. EL QUE LO TIENE, PIERDE EL HONOR Y MUCHAS VECES LA VIDA.

Aragón y sus autores.

Read More

Capítulo 1 “El Frances”


Posted on may 2, 2008

Novela Narrativa Aragonesa:

“El Cofre del Molino”

Autor: Roberto Pac

CÁPITULO 1 – “El Francés”
Al fin lo intenté, me ha costado mucho tiempo decidirme, pero entiendo que debo rehacer el camino y debo volver a mis orígenes, a la tierra que me vio nacer y también a esa tierra que me vio partir cargado de fantasmas en mi memoria; aquellos que durante muchos años me han acompañado a lo largo de mi existencia, aquellos que marcaron mi vida para ser lo que hoy en día soy, un poeta abierto al mundo.

Novela Cofre del Molino

Por eso he decidido dar el paso más importante de mi vida, pues no en vano ya ha pasado mucho tiempo para dejar olvidados, (si es que se puede olvidar al otro lado de la valla la existencia de todo ser humano), los recuerdos de aquella primavera que me hicieron salir a un exilio no querido, pero provocado por los acontecimientos que me tocaron vivir para ser un apátrida de una sociedad injusta, que no entendió mi manera de pensar, mis principios y la forma de ver la vida de un poeta, que sin quererlo nació con ese don especial, que pocos logran descubrirlo o manifestarlo a lo largo de los años.

Por eso, me he levantado temprano como es mi costumbre, ya que nunca olvidé ese hábito que me enseñaron en mi juventud aquellas personas que me rodearon, curtidas por el tiempo y una sabiduría tan especial que les hicieron merecedoras de los mejores elogios de esos lares; hombres forjados por el trabajo, por el sol y cargados de sentimientos, (¡ay, los sentimientos!, tantas veces encontrados).

He recogido mis cosas, pocas cosas, pues para este viaje no necesito más que lo que es imprescindible: poca ropa, mis pastillas para mis melancolías y un libro, sí, un libro, el libro de la vida.

He cerrado las ventanas con delicadeza, he oscurecido mi hogar de tantos años, pues quiero volver a ver la luz de los amaneceres de mi tierra querida, tras los pasos de la huella de mi sangre poética por revivir esos días, (que ya ha pasado mucho tiempo) antes de mi partida a este exilio obligado a tierras desconocidas. Estas tierras que me acogieron pero que nunca olvidaron mis orígenes de español, el poeta abierto al mundo, el poeta que tuvo que salir de su pueblo aquella noche que oscureció el sol antes de lo habitual en el horizonte del Somontano y dejó teñidos de rojo los almendros en flor, para dejar los fantasmas vagando por mi memoria a lo largo de todos estos años, ya que es hora que me reencuentre con ellos al pie del camino y cerrar la herida de este corazón cansado de pensar,(si es que los corazones piensan).

El tren avanza rápido, sin piedad, devorando kilómetros entre las montañas del Pirineo, donde la nieve deja paso a las primerizas flores, que año tras año, anuncian la primavera para dejar olvidado el invierno. Es una visión única, la que llena mi retina a través de la ventana del vagón, pues no en vano, comento con mis compañeros de viaje (las alegrías y las tristezas de mis recuerdos), lo que siento ante la visión de tan bellos parajes.

Estos preciosos paisajes que van pasando por mi vista como si fuera una película de colores, me hacen buscar en mi americana un trozo de papel y algo para escribir, pues es una sana costumbre que siempre he cultivado a lo largo de los años, por dejar plasmados los momentos existenciales de mis vivencias en forma de poesía.

Devoré caminos
y senderos,
¡a ninguna parte me llevaron!

Devoré tiempos
y minutos,
¡a ninguna parte me llevaron!

Subí por los torrentes
de agua fría,
¡a ninguna parte me llevaron!
Ascendí montañas
y colinas,
¡pero a ninguna parte me llevaron!

Luché con el sol
y la luna,
de poco me sirvió
mi aventura.

Respiré el aire
enrollado
en mi garganta,
pues nunca
imaginé
que la puerta
de mi cabaña
cerrada estaba.

Siempre he pensado que la poesía es la manera mas fácil de expresar los sentimientos, las angustias, la manera de ver la vida y sobre todo el miedo; sí, ¡el miedo!

Ese miedo que no te deja ver la realidad y que te hace esconder en el caparazón para no enfrentarte a la irrealidad de los momentos vividos. Este es el miedo que siento por volver a mi pueblo, al que sin lugar a dudas, me lleva este tren tantas veces buscado, pues a lo largo de los años, me he acercado a la estación y he sacado el billete en la ventanilla para romperlo nuevamente. Este tren que me acerca a mi verdad, a través de montañas y campos, mudos testigos de mis vivencias de juventud, pero esta vez sí que me lleva, no a lo desconocido, si no al encuentro con mis fantasmas, a esos fantasmas con nombre propio que me esperan hace mucho tiempo en las calles, en las casas, en esos montes que lloran a lo largo del tiempo mi lejanía.

LEER RESTO DE CÁPITULOS “EL COFRE DEL MOLINO”  >>

Read More